martes, 22 de noviembre de 2011

Drácula: Sensateces y estupideces (Parte 2)

Como lo prometido es deuda, aquí tenéis la traducción de otro pedacito de uno de los capítulos del libro "Dracula: Sense and Nonsense" de Elizabeth Miller.
Si en la primera entrada os dejé con la introducción del capítulo sobre Vlad, en la cual Miller nos hablaba del problema surgido al relacionar erróneamente al personaje ficticio del Conde Drácula con la figura histórica de Vlad el Empalador, en esta nueva traducción Miller nos muestra ejemplos claros que explican cómo lo que empezó siendo una pequeña bola de nieve ha ido aumentando hasta transformarse en una avalancha de la que ahora cuesta escapar, cómo la falta de documentación unida a la inventiva creativa de la presunción llevan a que se den por ciertas afirmaciones erróneas que después cuesta desenmarañar.


Bram Stoker no se inspiró en Vlad el Empalador para crear a su Conde Drácula. Vlad no era ningún demonio bebedor de sangre.
Y sin embargo, cuando alguien oye el nombre de Drácula no piensa en un guerrero valaco que luchó contra los Turcos para defender a su pueblo, sino en un Conde vampiro que se alimentaba de sangre y vivía en un tétrico castillo en Transilvania. 
¿Por qué? ¿Cómo empezaron a enredarse las historias de esos dos personajes tan diferentes unidos por el mismo nombre? 
Elizabeth Miller nos lo explica:

EL VIRUS VLAD

“El personaje de [el Conde] Drácula está inspirado en Vlad Tepes.” (“Vampires”, World Book Encyclopedia 1998, 20:268)

¡Tonterías! Que eso se haya repetido hasta la saciedad no hace que sea menos absurdo. Ha llegado la hora de acabar con este mito de una vez por todas. Que Stoker tomó prestado el nombre “Drácula” es irrefutable. ¿Pero sabía mucho acerca del hombre que se escondía tras el apelativo, el famoso Vlad el Empalador? Teniendo en cuenta las pruebas disponibles, mi respuesta es un rotundo ¡“no”!

Vlad ha sido considerado como la “mayor inspiración” de Stoker (“In Search of History: The Real Dracula”), el “modelo de conducta” para el Conde (Hurwood 28), el “prototipo” del Conde (Encyclopedia Britannica 1997, 1:544) e incluso el “santo patrón (…) del vampirismo” (Guinn 159). Error, error, error, error. Y cuatro errores no hacen un acierto.
El autor de la entrada de la enciclopedia citada anteriormente pudo haber obtenido su dudosa información de un gran número de fuentes. A lo largo de los últimos 30 años se nos ha bombardeado con un popurrí de confusiones, medias verdades y afirmaciones absolutamente ridículas. Aquí un ejemplo:
   
Drácula fue el resultado de la reestructuración de cuatro siglos de leyendas populares creadas alrededor del histórico príncipe valaco Vlad Tepes.” (Dziemianowicz 11)

Gran parte de la historia del Conde Drácula “fue extraída (…) de las horribles actividades del Príncipe Húngaro Vlad, quien fuera un antepasado remoto de Atila el Huno.” (Mascetti 184)

Stoker “creó basándose en referencias poéticas de los antiguos relatos sobre Drácula” (Florescu y McNally Biography 162)

Vlad “fue un personaje extraordinario. Así que usamos esto como base de nuestra fantasía, como hizo Bram Stoker (…) la verdadera innovación [de Stoker] en Drácula fue su descubrimiento del sanguinario príncipe transilvano del siglo XV.” (Coppola and Hart 3, 8)

“Hay pocas dudas de que Stoker eligió a Vlad Tepes para su Drácula debido a la mala reputación de Vlad.” (Carlson 29)

Y aún empeora más:

“El Conde Drácula está inspirado en por lo menos dos conocidas figuras históricas cuyas carreras estuvieron empapadas en la sangre de las gentes de Europa del Este: el príncipe rumano Vlad el Empalador, y Elizabeth Bathory, una condesa húngara.” (Mulvey-Roberts 83)

Debido a que el Drácula histórico abandonó su fe Ortodoxa, “la Iglesia le condenó a vagar por la tierra eternamente como un vampiro.” (Hillyer, “Enigma” 78)

“[Stoker] basó su personaje en (…) Vlad el Empalador debido a su predilección por empalar vivas a sus víctimas en afiladas estacas de madera mientras cenaba.” (Jones, “Introduction” XIII)


Y así sigue. Ninguna de las afirmaciones anteriores está basada en pruebas firmes. De hecho, unas pocas están fuertemente adornadas. Pero esos errores se encuentran tan grabados en nuestra conciencia colectiva que su convergencia ha creado un enorme montón de basura:
Vlad  el Empalador fue “más conocido como Conde Drácula.” (“Attila the Hun”, A&E Biography 1994)

La ciudad de Bucarest fue “mencionada por primera vez en un documento fechado en 1459 y firmado por Vlad Tepes, Conde Drácula.” (Let´s Go 476)

Casa Vlad Dracul (en Sighisoara, Rumania) fue “la residencia del padre del Conde Drácula.” (Let´s Go Europe 1999)

Bram Stoker
Dejemos una cosa clara. Vlad el Empalador no fue, no es, y nunca será el Conde Drácula. Casi todos los documentales de televisión y videos sobre el tema repiten esa tontería con aparente impunidad.

Nos dicen que Stoker realizó una “exhaustiva investigación” sobre Vlad (Florescu y McNally, Search, 1994, X). No hay pruebas de eso.

Nos aseguran que Stoker eligió el nombre “Drácula” porque era “sinónimo de horror y sangre” (Hurwood 30). No es así.

Nos informan de que el Drácula histórico fue un bebedor de sangre (Glut, True Vampires 39). Ni una sola evidencia de eso.

Nos advierten de que “[Wilkinson] fue, por supuesto, únicamente el punto de partida de la investigación de Bram Stoker acerca del nombre de Drácula” (Haining y Tremayne 142). Pura invención.

¿Cuándo, dónde y cómo se originó toda esa desinformación?
¿Y cómo proliferó hasta alcanzar tal alarmante envergadura?
Antes de reducir este enmarañado problema a sus inicios, sería útil bosquejar su origen y desarrollo.

Aunque los estudiosos que asociamos con la unión de los dos Dráculas son McNally y Florescu, ellos no fueron los primeros en hacerlo. Una investigación anterior sobre un posible nexo de unión entre el Conde Drácula y Vlad el Empalador comenzó en 1958, con la cita de Bacil Kirtley que decía que “Indudablemente el pasado histórico que Van Helsing (…) asigna al vampiro ficticio Drácula es el de Vlad Tsepesh, voivoda de Valaquia”. Al año siguiente, Maurice Richardson realizó esta observación: “Pero existe, tal y como el mismo Stoker indica, un modelo auténtico para Drácula”. En 1962, el primer biógrafo de Stoker, Harry Ludlam, afirmó que Stoker había “descubierto que el voivoda Drakula o Drácula (…) se ganó el título de “el Empalador”, y que la historia de su ferocidad y espeluznante crueldad en desafío a los Turcos fue relatada extensivamente en dos manuscritos del siglo XV, uno de los cuales aludía a él como un “wampyr”. En 1966, Grigore Nandris conectó al vampiro Drácula con la figura histórica, afirmando incluso que los retratos de Vlad existentes fueron “adaptados por Bram Stoker para amoldarse a sus requerimientos literarios”.

Apoyándose en estas, de algún modo, vagas referencias, McNally y Florescu se embarcaron en una búsqueda propia, cuyos resultados fueron publicados en In Search of Dracula. Aunque su investigación histórica fue (y aún es) inestimable, los dos autores asumieron que Stoker conocía una considerable cantidad de datos sobre la figura histórica,  y que entre sus fuentes se incluía Arminius Vambery (un profesor húngaro con quien se encontró en al menos dos ocasiones) y varias lecturas encontradas en el Museo Británico.

Como veremos más adelante, no existe ninguna evidencia que apoye esas afirmaciones. Ambos historiadores han modificado algunos de sus argumentos anteriores. En un artículo no publicado entregado en el Boston College en Noviembre de 1997, Florescu reconoce que “la conexión entre el Drácula histórico y la novela (…) además del título, se limita a cuatro breves referencias tomadas de un único libro [el de Wilkinson]” mientras que McNally ahora está de acuerdo en que decir que Stoker se inspiró en las atrocidades de Vlad es “absurdo” (“Separation Granted” 26). Aunque algunas (pero ni de lejos todas) de sus hipótesis originales han sido modificadas, su texto de 1972 sigue siendo consultado y citado con frecuencia.

Los descubrimientos de McNally y Florescu inspiraron un documental en 1976 en el cual Christopher Lee aparecía como Vlad Tepes. El uso de un actor al que en aquella época se identificaba con el papel del Conde Drácula hizo la conexión aún más fuerte. De hecho, el mismísimo Lee está convencido de que Stoker estaba “totalmente familiarizado con los aspectos históricos de la vida de (…) Vlad” (citado en Glut, Dracula Book XIII).

Desde el principio ha habido algunos escépticos. Daniel Farson asegura que “Stoker tomó el nombre de Drácula, así como una vaga idea de su contexto histórico, y eso fue todo”.
Leatherdale refleja un gran escepticismo en su The Origins of Dracula (1987):
    Siempre se ha dado por hecho que Stoker sabía acerca de la repugnante práctica del Empalador (…) Pero cuando leemos la novela con atención, toda búsqueda de cualquier referencia al Drácula histórico es en vano aparte de relatos generales y confusos acerca de las campañas húngaras contra los Turcos durante el siglo XV. Éstas se encuentran anotadas en las páginas de los libros catalogados de Stoker.

Skal advierte que Stoker se inspiró “solo hasta cierto punto” en relatos sobre Vlad (Hollywood Gothic 22). J. Gordon Melton también realiza un cauteloso acercamiento, refiriéndose a Vlad como una figura sobre la que Stoker “construyó parcialmente su personaje” (Vampire Book 1994 665). Pero nada de esto ha conseguido frenar la avalancha de descabelladas e irresponsables afirmaciones; las voces gritando en la jungla han llegado a oídos sordos.
(Traducción de Cristina Roswell del texto original de Elizabeth Miller. Dracula. Sense and Nonsense. Desert Island Books. 2006)

CONTINUARÁ...

10 comentarios:

  1. Interesante Cristina, ya sabes que me encanta ese tema. En la peli de Coppola sale al principio lo de los turcos...
    Espero impaciente la tercera parte!!!!

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  2. ¡Hola Silvia!

    Gracias por tu comentario.
    Sí, en la película de Drácula de Coppola utilizan parte de la historia del Drácula histórico para el ficticio. Concretamente el momento del asedio al castillo de Vlad en Poenari (actual Rumania)por parte de los turcos.

    En la historia real, según se cuenta, la esposa de Vlad no cree que les sea posible escapar y se suicida arrojándose al río Arges desde el castillo, pero Vlad logra huir gracias a la ayuda de los habitantes de un pueblo próximo.

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  3. Me encanta, en serio, espero que saques pronto la tercera parte!
    te sigo vale?
    pásate por mi blog ;)

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  4. ¡Me apunto a la tercera parte! Estás desvelando cosas importantes para entender la literatura vampírica de una manera más profunda. ¡Gracias!
    ¡Un beso!

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  5. ¡Gracias a vosotras!
    A finales de esta semana o principios de la que viene subiré la tercera parte :)

    ¡Besos!

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  6. Por cierto, Ylenia: no puedo visitar tu blog, me dice que tu perfil no está disponible :(

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  7. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  8. ¡Muy bueno! Me has hecho pasar un buen rato. El tema de Drácula siempre me ha resultado muy interesante, una atracción y repulsión al mismo tiempo que, supongo, me viene de la infancia y las tardes de cine en sesión doble.

    Un saludo!

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  9. Muy interesante. Es curioso como se puede deformar la realidad en pos de la fantasía merced a un mito como el de Drácula. Es cierto que damos por hecho muchas de las cosas que nos cuentan o que leemos u oímos sin contrastarlas hasta que desbancan lo auténtico sin casi darnos cuenta. Un saludo.

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  10. ¡Muchas gracias chicos!
    Me alegra que os resulte interesante. Es un tema que yo disfruto mucho y espero que también los lectores lo hagan :)

    Victor, sobre cómo se puede llegar a deformar la realidad trato también en la novela que intento publicar. No sabes la cantidad de basura que se ha echado encima de Vlad gracias a la propaganda política que se hizo en su contra.
    Es de lo más interesante.

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